Más carne, más gusanos; más riqueza, más preocupación; más mujeres, más embrujo; más concubinas, más lujuria; más esclavos, más ratería;(pero) más ley, más vida; más estudio, más sabiduría; más consejo, más instrucción; más rectitud, más paz;

El Talmud (de Mishna)

Hay cuatro clases de hombres que nunca verán el rostro de Dios: el escarnecedor, el mentiroso, el difamador y el hipócrita.

a I - El Talmud (Satah, 24a)

Escoge la vida que tú puedas vivir, tú y tus descendientes.

Deuteronomio 30:19

El Judaismo, aunque comprende el sistema de creencias del 0.5 por ciento de la población mundial, es una de las filosofías religiosas más importantes y básicas, tanto para el islamismo como para el cristianismo. De esta manera, afecta la vida de casi el cincuenta por ciento de la humanidad.

El Judaismo tuvo sus orígenes tribales y rituales en un pueblo semita, nómada, dedicado al pastoreo, que fue el pueblo hebreo. Bajo la guía de varios profetas ardientes, el Judaismo creció como una religión profética con una fuerte ética humana. Sus enseñanzas forman un solo canon con tres divisiones: el Tora (la ley), el Neviim (los Profetas) y el Kitubien (las Escrituras); los cristianos llaman a este canon “el Viejo Testamento”. Igualmente sagrado para los judíos es un grupo secundario de escrituras llamadas los libros apócrifos y el Talmud.

Todas estas obras son morales y éticas y están dirigidas a la persona humana. Por esto, el Judaismo es importante para el objetivo de este libro. Representa de forma dramática la lucha persistente de un pueblo por alcanzar una vida más noble y crear un mundo más feliz para todos.

En esencia, en el Judaismo la persona es creada a imagen y semejanza de Dios, por lo tanto, el hombre no es pecaminoso por naturaleza, sino bueno. Desde luego, el mundo le ofrece constantes tentaciones, pero el judío no renuncia a una participación activa en este mundo. Más bien, debido a las tentaciones, su tarea principal es elevarse a sí mismo y al mundo cotidiano en el cual se mueve, al nivel más alto posible, para que cada uno de sus actos refleje la unidad divina de todas las cosas.

En el Mishna, Avat 3:15, está escrito lo siguiente: “Todo está previsto por Dios, y al hombre se le da la libertad de elección”. Con la libertad de elección, por lo tanto, todos los seguidores del Judaismo son responsables de sus vidas, de sus acciones y de la sociedad que ayudan a crear. Todo esto requiere de elección personal. Su guía son los libros sagrados y solamente se pueden culpar a sí mismos de las malas decisiones, de las malas acciones, de las transgresiones y de la pérdida del yo.

El judío no puede permanecer apático ante la existencia. Se le ordena escoger la vida. Se le hace que esté plenamente consciente de que la vida es dolor, mal y desesperación. “No hay uno solo entre ustedes que no sea culpable de muchos pecados” (Tanhuma [Burber] Hukkut 39).

Pero el sufrimiento no carece de significado. La aceptación del sufrimiento como el sino de la vida, como dice el libro de Job, puede proporcionar paz, unidad y comprensión. Pero, por otro lado, el judío recibe estímulos para vivir su vida, plena, activa y alegremente, así como con entusiasmo.El día del juicio cada hombre tendrá que dar cuentas por cada cosa buena que pudo haber disfrutado y no lo hizo (Jerusalén Kiddrishin, 66d.).

En el Judaismo, el código del comportamiento está claramente establecido en todos sus libros sagrados, en especial en el Tora. Es aquí donde se encuentra el código de comportamiento más honrado en todo el mundo: “Los Diez Mandamientos”. No parece necesario establecerlos aquí, ya que forman un código de comportamiento mundialmente conocido.

Los aspectos de la vida judía no solamente se encuentran en los Diez Mandamientos, sino en cada decisión importante del canon sagrado.

Al judío se le dice cómo comportarse en situaciones muy diferentes de la vida como son entierros, visitas a los enfermos, consejo a los jóvenes y respeto a los mayores. Se le estimula a ser gentil, instruido, a aprender continuamente, a fomentar la unión familiar, a ser humilde, reverente, modesto y a examinarse continuamente.Se le pondera el valor de la seguridad en sí mismo y se le advierte del peligro de convertirse en adicto a la “caña rota del apoyo humano”, o sea, a la alabanza. Se le advierte del peligro de la falsa seguridad que proviene de la acumulación del oro y se le anima a ser caritativo con todos. Al judío se le recomienda que viva su vida como si siempre estuviera en la presencia de su Dios; ya que solamente en este mundo, y no en el venidero, tendrá la posibilidad de escoger su propio camino y justificar la vida que Dios le ha dado.

Para el judío, es la vida la que tiene que realizarse, lo cual se logra participando activamente en ella. “Todo lo que el hombre no haga mientras tiene el poder que su creador le ha entregado, el poder del libre albedrío, que es suyo todos los días de su vida, durante los cuales es libre y responsable, no podrá hacerlo en la tumba o en Shoel, en donde ya no tendrá ese poder” (Moisés Luzatto, Yesharian, capítulo 4).

Los judíos son amantes; amantes de Dios, de la Naturaleza, de la gente, de la vida. Para ellos, el Tora les explica detalladamente cómo vivir su camino de amor en la sabiduría. Sus palabras son dador de vida y dador de amor.Les enseña a amarse a sí mismos y a todas las cosas. Les enseña caridad y establece las leyes del dar y del compartir, así como del amor a la tierra.

En esencia, el Judaismo considera que sus seguidores tienen una gran dignidad y un poder innato, así como posibilidades sin límite. Son criaturas responsables con una profunda reverencia ante la vida y una gran espiritualidad. Se les pide que vivan como una emanación continua de Dios. Tienen gran respeto por el estudio y por los estudiosos. Creen en la grandeza y bondad de su propia naturaleza interna. Se sienten cómodos en el misticismo y ven la vida tanto como un misterio sin explicación como una realidad sobre la que tienen control volitivo y la cual pueden descubrir en la acción.

Elie Wiesel, en su magnífica y emotiva novela Souls on Fire,parece resumir mejor que nadie la meta de la persona plenamente activa dentro del Judaismo. Cita las palabras del gran rabí Menahem-Mendl de Vitebak quien dijo:“Mi misión en la tierra es reconocer el vacío que hay dentro y fuera de mí y... ¡llenarlo!”.