Los Budas y los Cristos nacen completos. Ni buscan el amor ni lo dan, porque ellos son el amor. Pero nosotros, que nacemos una y otra vez, debemos descubrir el significado del amor, debemos aprender a vivirlos como la flor vive su belleza.

Henri Miller
Insomnio

Como la intimidad es básicamente una capacidad y un interés por relacionamos con los demás, tanto en el sentido físico como en el psicológico, siendo inherente, hasta cierto grado, a todas las etapas anteriores, a muchos les parecerá extraño que la incluya aquí como una etapa única y separada.

Las etapas de la vida hasta ahora nos han llevado, hacia el punto del surgimiento y la aceptación del yo único, del yo que no otorgará nuestra identidad y dará significado a nuestra vida. Antes de llegar a ese momento, estamos a merced de los demás. Para sobrevivir, nos vimos forzados a aceptar como propios su realidad, sus valores y su estilo de vida. Hablamos sus palabras y nos movimos a sus órdenes.

Tuvimos que enfrentarnos a la lucha que William Blake expresa así en su poema: "Debo crear un Sistema o me veré esclavizado por el de otro hombre. No razonaré ni compararé: mi tarea es crear".

La verdadera intimidad es fuerza positiva solamente si se combina con las fuerzas y energías d e otras personas maduras para el crecimiento constante de cada una.

Con esta decisión alcanzamos la madurez temprana y aceptamos la responsabilidad de declarar y crear una persona nueva, que no estaba presente antes. Aceptamos el compromiso con el yo.

Intrínsecos a este compromiso existen ciertos conflictos naturales. Si deseamos liberamos de la esclavitud debemos elegir la libertad y la responsabilidad que ésta genera. Si no queremos sentir dependencia, debemos elegir la independencia y aceptar los conflictos inherentes a esta elección. Si queremos superar la soledad, abracemos la intimidad, con todas las ramificaciones que esta elección sugiere.

De todas estas decisiones, parece que la última es la que crea mayor conflicto. Tanto Rollo May como Eric Erickson subrayan la importancia de la intimidad contra el ajuste a la soledad.

La soledad es un concepto que produce temor en la mayoría de las personas. Todos tenemos una fuerte necesidad de compañía, de relaciones que nos den apoyo. Poseemos un impulso natural y poderoso hacia la gratificación sensual y sexual. Necesitamos cuidados, ayuda, estímulo, afecto y amor. Y es entonces cuando nos enfrentamos a la elección cardinal: o entregamos a la intimidad, lo cual requiere de ciertos reajustes y renuncias del yo autónomo recién valorado, o vivir en soledad. Esta última decisión es abrumadora y amenazadora, y quizá nos impone una de las decisiones más importantes de la madurez. La mayoría de las personas eligen la intimidad a cualquier precio, porque su alternativa es la soledad.

Siempre necesitamos de los demás para poder crecer y valoramos. La verdadera intimidad es fuerza positiva, solamente si se combina con las fuerzas y energías de otras personas maduras para el crecimiento constante de cada una. Esto implica la renuncia voluntaria de las dos personas a ciertos aspectos por parte del yo autónomo ante el deseo de obtener más.Es principalmente a través de compañerismos íntimos constantes, que podemos conocer el mundo único de otro y recibir un reflejo fiel del nuestro. Por esta razón es tan fácil amar a los amigos casuales, y tan difícil amaral amante. Lo que le damos a un amigo es mucho menos revelador y exigente que lo que le damos a un amante, pero también, a la larga, es mucho menos gratificante en su compensación para llegar a la madurez.

Podemos encontrar diferentes grados de intimidad en una gran variedad de relaciones que satisfacen diversas necesidades de intimidad, desde la sociedad casual y las relaciones sexuales físicas hasta las amistades profundas y duraderas y los intentos de formar una unión permanente como el matrimonio. Las relaciones casuales y las amistades le dan al individuo la oportunidad de compartir experiencias breves, así como de intercambiar información, sentimientos e ideas que pueden servir para contrarrestar sensaciones de soledad y aburrimiento. Pero los estudios demuestran que solamente aquellas relaciones íntimas que se extienden más allá de la sociabilidad, y ofrecen oportunidades para una unión prolongada, como la cohabitación o el matrimonio, nos ofrecen el escenario estimulante en el cual podemos expresar libremente ese yo dentro de un ambiente confiable, seguro, estimulante y de aceptación y confianza. Esas relaciones nos ofrecen la oportunidad más vital de vencer nuestra soledad, para intentar y explorar la experiencia humana sin temor ni distracción.

A menudo se dice que el mejor indicio de nuestra madurez es nuestra habilidad para formar relaciones significativas y duraderas que hagan crecer a ambas personas involucradas. Como declara Erich Fromm: “El hombre maduro encuentra sus raíces y a sí mismo solamente en su relación creadora con el mundo y en su sentimiento de unidad con la naturaleza y con todos los hombres”.